miércoles, 9 de mayo de 2018

Las S.A en el fútbol y en Palestino (Por Tina Latina)



En Chile, desde el año 2005, existe la ley 20.019 del Ministerio Secretaría General de Gobierno (propuesta por Sebastián Piñera en 1998 y presentada por Alberto Espina de Renovación Nacional y Andrés Zaldívar de Democracia Cristiana) que fija la normativa que regula las sociedades anónimas deportivas profesionales, en donde su artículo 1° plantea que “Son organizaciones deportivas profesionales aquellas constituidas en conformidad a esta ley, que tengan por objeto organizar, producir, comercializar y participar en espectáculos deportivos y que se encuentren incorporadas en el registro a que se refiere el artículo 2º de esta ley.”

Entonces, ¿Cómo es que esta idea de mercantilizar el fútbol no suponía una pesadilla para las y los hinchas?

En el año 2004 el 17° Juzgado Civil de Santiago resolvía decretar la quiebra del Club Deportivo Palestino tras la petición del directorio del club. Esta decisión se tomó a fin de no entorpecer la situación del personal de la institución por las falencias económicas que se atravesaban. La deuda de Palestino se estimaba en mil millones de pesos (deudas de ex directivos, con entidades de fondos previsionales, con ex futbolistas, e incluso con Servicio de Impuestos Internos).
Seguido a esto se subastó el club, siendo adjudicado en septiembre de 2004 por una Sociedad Administradora Palestino S.A, integrada por veinte familias de origen árabe, quienes pagaron una cifra de $180.000.000. A la cabeza se encontraban Ricardo Abumohor y Darío Calderón quienes tenían como finalidad salvar al club de la desaparición, por lo que una sociedad anónima podría darle un nuevo impulso institucional. Dentro de sus objetivos se encontraban desarrollar y administrar actividades referidas al deporte y recreación deportiva, administrar sus bienes, asumir representaciones con o sin fines de lucro, comprar/vender exportar/importar toda clase de bienes muebles, suministros e insumos, administrar personas jurídicas públicas o privadas con o sin fines de lucro, inversión en toda clase de bienes, y suscribir y/o afiliarse a entidades federativas de carácter deportiva.

Este cambio a sociedad anónima venía de la mano con una idea de administración transparente, moderna, seria y profesional, ya que estaría en mano de empresarios. En el año 2005 Palestino comenzó entonces a vender acciones (desde el 28 de abril de 2005 hasta el 16 de mayo del mismo año), dando la oportunidad de participar en el resurgimiento del club y recaudar los fondos necesarios para financiar el funcionamiento de la sociedad. En el futuro se esperaba aumentar el nivel competitivo del equipo de fútbol potenciando al plantel de la época con un trabajo serio y planificado en divisiones inferiores, además de generar un proyecto inmobiliario para la construcción de un estadio donde el equipo pudiera jugar partidos nacionales e internacionales y convertirse en un centro de eventos artísticos y culturales.  

La idea de difundir la iniciativa de S.A. fue generar adhesión por parte de la colonia palestina en Chile que buscaba que Palestino volviera a ser protagonista del deporte nacional, manteniendo en alto el nombre de Palestina en el país y en el mundo entero, tal como lo planteó Yasser Arafat cuando se refirió al club. Por ello se procedió a vender acciones, cada una de ellas a $10.000, sin límite de cantidad, y cuya compra traería una serie de beneficios (camisetas, descuentos en tiendas auspiciadoras y abono a partidos).

A lo largo del tiempo de acción de las SADP, estas han distorsionado la ley más allá de lo que corresponde (al no rendir los gastos aprovechándose de la poca regulación de la Superintendencia de Valores y Seguros, SVS), optimizando el lucro en desmedro de los clubes participativos y democráticos, mercantilizando una actividad social y dejando fuera del juego a las y los hinchas. El advenimiento de las SADP trajo consigo que los clubes no tuvieran vinculación directa con sus socios, ya que este no tiene derecho a voto en reuniones de directorio ni a utilizar las instalaciones de la institución (excepto Colo-Colo), reduciendo su participación a descuento en la compra de entradas y/o merchandising del club. 

En el paso de los años este sistema comenzó a denotar una lógica economista por sobre la deportiva, ya que el fútbol, hoy en día, no se mantiene gracias a la actual estructura de sociedad de los clubes, sino que por los dineros de CDF, quien actúa como caja en la cual concurren para solventar gastos. La mayoría de los clubes son manejados por personas ajenas al deporte (o que poco y nada comprenden del “negocio” del fútbol), cuya consecuencia es que no se presentan proyectos deportivos a largo plazo, que los clubes se armen y desarmen de un campeonato a otro y que se presenten pérdidas en sus balances (consultar memorias disponibles en SVS en: 


La idea original de vincular a Palestino con Palestina tenía un tono perfecto, pero el dejar que esta sociedad anónima le quite el carácter social al futbol permite entonces una administración deficiente que genera utilidades bajas y que no resulta atractiva para futuros inversionistas (el fútbol entonces es un mal negocio, donde difícilmente se invertirá). Y, si bien, se han potenciado los niveles inferiores del club, esto no tiene una ganancia real si se forman jugadores de élite con el fin de generar mayores ingresos con sus ventas, dejando de lado el fortalecimiento del primer equipo. El contratar directores técnicos con bajo presupuesto, el buscar jugadores en otras ligas o divisiones del fútbol sin mirar lo que se forma en las canteras es quitarle el valor al fútbol, es transformarlo en un mero negocio donde nadie figura como beneficiado. Mientras exista una lógica de mercantilización del fútbol chileno, entonces tendremos que seguir soportando un nivel mediocre en nuestra liga y en actuaciones continentales, ya que poco se invertirá en mejorar el nivel de competitividad.

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